Mi hij@ y yo disfrutamos de los últimos días del verano. Ayer por la tarde remamos un kayak en un lago con una buena amiga, Carolyn. La amiga conocí hace 14 años en una mesa de conversación española. Las tres remamos el kayak tándem alquilado hacia el lado silvestre del lago. Entre las plantas de pantano y la totora vemos frecuentemente una garza real volando en frente de nosotras, sus patitas alargadas puntadas como los pies de una bailarina. O vemos un halcón posando en la rama de un pino penetrando el agua con su visión apta, bajando por las olas para sacar un pez ondulante. Ningún de estos dos vimos está vez, pero nos saludaron dos ciervos comiendo nenufares al borde del agua.

Después de combatir el viento fuerte remando por una hora, fuimos a una playa para nadar. Hay muchas playas en lagos de esta ciudad y la mayoría del verano hay salvavidas que posan en los sillones de madera altos. En este momento los lagos de Madison están inundados, así no fue posible nadar según los letreros sobre la contaminación de bacteria peligrosa en el agua. Los salvavidas estaban de vacaciones. Pero, de todos modos había familias jugando en la playa, construyendo castillos, niños corriendo por todas partes en la arena calentita.

Carolyn y yo nos sentamos en una toalla, charlando, y mi hij@ hizo amigos nuevos con la familia al lado. Los niños comenzaron a construir el castillo de arena más grande del mundo. Oí los padres hablar con sus hijos en español y sonreí. Nuestra pequeñ@ sabe el español también. Dentro de poco, empezó a hacer comentarios en castellano.

Otra familia llegó. El hijo se quitó rápidamente la camiseta para correr en su traje de baño hacia la escena de construcción juvenil. Dentro de poco, había seis niños bajo doce años de edad planeando, riendo y trabajando juntos en inglés y español. La séptima llegó y decidió hacerse la payasa, se puso plantas acúaticas en su cabeza para tener pelo muy largo. Le comenté en inglés, “Mermaid,” entonces en español, “Sirena”. Los padres quienes estaban sentados cerca de nosotros nos dijeron, “Do you speak Spanish?” Mi amiga y yo les respondimos, “Sí las dos” (creo que dije “los” dos, pero así pasa hablando al tiro, ja ja). Nos dieron una sonrisa.

Nos presentamos y empezamos a hablar español con las dos familias latinas. En una coincidencia, dos de los cuatro padres eran de Honduras originalmente. Estaban ellos en la playa quizás por nacer en un país del tamaño de Virginia o Ohio, pero con dos costas. Tuvimos esto en común, porque nací en un estado que tiene más costa que California, Minnesota de los 10.000 lagos. (Gracias a mi hermana por este dato geográfico.)

Planeamos Carolyn y yo pasar una hora en la playa, más o menos. Pero nos divertimos tanto charlando con los amigos nuevos en la playa con los niños retozando los últimos rayos del sol de agosto. Tres horas más tarde, justo antes del poniente del sol salimos de la playa, prometiendo reunirnos en la playa el próximo día soleado. Me encanta el verano, es tan juguetón. ¿Sería lo mismo conocer a otras familias bilingües en tobogán o patinando de hielo en diciembre? Como vivimos en Madison donde todo el mundo sabe ponerse muchas capas de ropa, creo que sí.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Honduras_Regions_map.png
By Burmesedays [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)%5D, from Wikimedia Commons

 

 

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